24.10.09

Extramuros: interactuando con las visitas del cotolengo


17.10.09
06. P.M.
Carolina de barrio Guadalupe, le consulta a La Maga:
“Querida Maga, estoy embarazada de 7 meses y todavía no me decido si tener a mi hijo por parto natural o bien someterme a una cesárea. Soy primeriza y mi ginecólogo y obstetra que es amigo de mi familia dice que no habría inconvenientes en tener al bebé por parto natural, con lo cual me está dando tiempo para que decida qué hacer. Usted qué me sugiere.”
Respuesta de la Maga emitida en el micro El Sentido de la Vida por Mengano Lapindonga, conducido por Gabriel Cimaomo, integrante del staff de “La siesta fantástica” de Juan Carlos Bettanin. (LT 10, Radio Universidad)

23.10.09
03.45 P.M.
“A mal puerto vas por agua querida. Para empezar yo no tengo hijos ni tuve jamás la intención de tener uno. Demasiado tengo conmigo para tener que lidiar también con una criatura chillona y una boca demandante. No obstante, procuraré ser lo más profesional que me sea posible a la hora de decirte algunas cosas.
Primera obviedad: es tu decisión
Segunda obviedad: hacete cargo
Tercera obviedad: no seas cagona que lo que decidas seguro lo hacés pensando que es la mejor opción. Así que relajate un poco con el tema. Dejá de pensarlo tanto y tratá de sentirlo más.

Tu deseo, el más importante de todos, ¿qué te dice? ¿Qué pensás que va a ser lo mejor para vos, que seguro va a ser lo mejor para tu hijo? Por ahora simbiosis: vos decidís por ustedes.

Los beneficios de cada opción seguro los sabés de memoria. Ahora viene el tiempo de experimentar el que tu corazón elija. Pensá lo bueno que va a resultar en cualquier caso. Y quedate tranquila con tu decisión. Y sea la que sea empezá a gozarla desde ahora.

Eso si, si vos y el padre de la criatura son de descendencia italiana o española, por favor ponele un nombre latino.”

15.10.09

La Sonrisa de Mamá

A partir de un anónimo que comenzó a circular entre los huéspedes del cotolengo, convocando a una reunión prevista para altas horas de la noche con la consigna de no comunicar de este encuentro a Elvi Rot, los menganos empezaron a conjeturar todo tipo de hipótesis respecto al sentido de esta suerte de asamblea clandestina. Algunas de las versiones fueron, como eran de esperar, tan deliradas como sus autores. Sor Raimunda, por ejemplo, pensó que el cónclave tenía por objeto introducir la causa de beatificación en vida de la gran madre del cotolengo y objetó lo inusual del procedimiento.

La cita era pasada la medianoche aunque la hora estaba supeditada a que La Rot, madre simbólica de todos los menganos, se durmiera. Elvira decía ser una mujer de sueño liviano lo cual es compatible con su vocación maternal, así que debían ser muy sigilosos, lo cual implicaba un gran esfuerzo tratándose de los bulliciosos, por no decir quilomberos, huéspedes del cotolengo. Sin embargo aquella noche se escuchaban provenientes del cuarto de la susodicha, sordos ronquidos que a juzgar por su estridencia no resultaba sencillo discernir si procedían de ella o del mismísimo Morfeo.

Las malas lenguas comentan que con la cena su propia hija biológica introdujo en el plato de La Rot un inductor del sueño más potente que el que su madre acostumbraba a tomar. “Eso no se hace”, acusó al aire la Trava haciéndose eco de los rumores. “Ni aún con las mejores intenciones”, acotó; como parece que era el caso, ya que el tema del complot era ponerse de acuerdo con la sorpresa que le darían a la ilustre durmiente por el día de la Madre.

“Yo tengo una propuesta muy atrevida”, confesó Sor Raimunda suscitando ipso facto un silencio abrupto en el lugar: “Fiesta de piyamas”, proclamó la religiosa como quien incita a sus compinches a realizar una picardía.

“¡Si, fiesta de piyamas, fiesta de piyamas!” gritó la Perturbada contagiándose del entusiasmo de Raimunda y potenciándolo a consecuencia de un repentino pico maníaco.

“Hermana, ya está grandecita”, observó reprensivamente la Profesora de la E. “A mamá le encantaría una fiesta sorpresa en la que tenga la oportunidad de recobrar el protagonismo social de otrora.”

¡Si, fiesta sorpresa, fiesta sorpresa! Gritó la Perturbada tanto o más excitada que la primera vez.

“Recobrar el protagonismo…”, repitió la Trava citando irónicamente a la docente. Y súbitamente inspirada por un dicho de La Rot saltó en su defensa retrucando a la profesora: “Si la envidia fuera tiña cuantas tiñosas habría”. Y aprovechando su envalentonamiento la miró de pies a cabeza y remató: “Es que con clase se nace, no se hace”. La Profesora, que desde que asumió en terapia su soltería crónica se ocupó de tener un estilo cuidado, se sintió tocada quizá debido a que sus tailleurs corte Chanel no eran legítimos, como siempre había pretendido.

“La Rot -dijo la Trava- necesita un buen par de tacones como estos”, señalando los suyos. Ocasión que, ni corta ni perezosa, aprovechó la Profesora para devolverle la bofetada: “Comparto su opinión, Guerra”, dijo la docente omitiendo concientemente cualquiera de los nombres de la Trava. “A mamá le vendría bárbaro un par de zapatos. Pero no creo que como esos”, dijo la Profesora señalando con la uña de su índice los de la Trava. “La naturaleza es sabia y a usted le concedió una talla 44 para que sus piecitos aguanten semejante trajín, en canoas como esas mami podría remar”

¡Sí, tacones 44, tacones 44! Vociferó la Perturbada con sus ojos excesivamente abiertos como si estuvieran alucinando con todos los regalos juntos.

La Trava, aguerrida como era, empinó la botella de vino rosé y cuando estaba a punto de irse a las manos, la Maga la detuvo y como para aligerar el clima denso que se había generado, batió cualquiera. “Yo le escribí un poema”, y cual “Abra Cadabra” suscitó de inmediato la atención de todos los menganos que no sabían de las aficiones literarias de la ex bruja.

“¡Sí, poema de la bruja, poema de la bruja!” Saltó por última vez la Perturbada justo antes que la Trava aprovechara la ocasión para descargar su ira vaciándole sobre su cabeza, el culo de vino rosado que le quedaba en la botella. Esta vuelta nadie objetó la intervención agresiva de Carol, seguramente todos estaban hartos de las salidas desvariadas de la Perturbada. Así que, como si hubieran matado una mosca, la Maga prosiguió: “Si quieren se los recito”. Y como el silencio otorga, se puso de pie y apelando a su memoria remota, declamó:

“Esa flor que esta naciendo

Ese sol que brilla más

todo eso se parece

a la sonrisa de mama.

Esa rosa que despierta

ese río que se va

todo eso se parecea la sonrisa de mama.”

¡Plagio, plagio! Saltó el Erudito Benito citando a Ortega, Palito, el cantautor setentoso y a su cointérprete, la recordada Libertad Lamarque.

La Perturbada, sollozando, no se sabe bien si por la emoción, la actitud de los menganos o por ambas, busco en su armario el single con el tema principal de la película de Enrique Carreras y haciendo caso omiso a la consigna del sigilo, lo colocó en el tocadiscos combinado del cotolengo a todo volumen. La Rot, asustada por Palito despertó sobresaltada.




8.10.09

“La Zorra pierde los pelos pero no las mañas”

La Maga, que hasta el momento había mantenido un perfil bajo, quizá por esto de desbaratar los prejuicios respecto a su viejo y cuestionable arte esotérico, comenzó a recibir consultas en su blog cobrando un repentino protagonismo en el cotolengo que para el ego de los artistas de clausura allí hospedados resultó difícil de asimilar.


Pero la mala disposición de alguno de los menganos hacia ella había comenzado hacía unos días cuando la Maga sacada por el brote de la Perturbada la amenazó con hacerle un trabajito si no se calmaba.

Es que “el zorro pierde los pelos pero no las mañas”, adujo Elvi Rot haciendo clara alusión a la zorra de la Maga.

La Profesora Ciencias de la E. que hasta el momento se había mantenido bastante neutra respecto a la incorporación de la Maga en el cotolengo, saltó en su defensa no tanto por convicción cuanto por la costumbre de ser políticamente correcta: “No es ético estigmatizar a nadie por su pasado –sermoneó- Todos tenemos derecho a rectificar el rumbo de nuestras vidas y los rótulos son condenatorios”

La Trava que se había sentido juzgada desde el primer día por la docente, le dio un pico a su petaca y apropiándose de uno de los dichos repetidos por la Rot dijo como pensando en voz alta: “En casa de herrero cuchillo de palo”.

La Profesora de la E. haciendo un evidente esfuerzo por mantener la compostura simuló pasar por alto el comentario y clavándole la mirada inquisidora a Elvi Rot, su madre biológica, esperó su intervención.

La Rot por su parte que a su edad estaba más allá del bien y del mal esbozó una sonrisa y no dijo ni mu.

La Señorita de la E. Evidentemente incómoda e indignada reclamó a su progenitora en tanto madre simbólica del cotolengo: “¿No pensás decir nada?”

A lo cual la Rot muy suelta de cuerpo por los años que había practicado yoga respondió a su hija: “El pez por la boca muere” y volviendo sobre el tema que le interesaba -la reputación malvada de la Maga- señaló: “Hazte de fama y échate a dormir”.

A la docente se le erizó la peluca que es lo peor que le podía pasar y no pudiendo soportar haber quedado en falta tomó el fijador para cabellos en aerosol y en un paso al acto agresivo para si y todos los que estaban ahí lo vació por completo sobre su hirsuta cabellera.

Como era de esperar la comunidad reaccionó como pudo… con alergia. Como un coro desafinado y a destiempo entraron a emitir todo tipo de sonidos guturales: toses, estornudos, carrasperas y algún que otro escupitajo.

La docente intoxicada por el spray y completamente histérica perdió los buenos modales y se puso a gritar sin reparos:






1.10.09

02.10.09

Tratando de indagar respecto al sentido de sus vidas, los menganos, en la última sesión de psicoarte acordaron partir de aquellas cosas que heredaron o les fueron dadas sin mediar su elección y convinieron que si hay algo que no eligieron fue sus nombres.

La idea fue propuesta por el Erudito Benito quien fundamentando su opinión en la teoría lacaniana, sostuvo que nuestros nombres son una suerte de metáfora que condensan los deseos y expectativas familiares. En tal sentido el nombre que nos asignan, en el que nos reconocemos y por el cual nos identifican, nos determina en cierto modo.

Su argumentación no recibió objeción alguna, no sabemos si por convincente o porque nadie entendió nada y como en definitiva no había otras mociones, se aceptó por unanimidad.

El problema se suscitó respecto a cómo decidirían por quién comenzar. Nadie se mostraba muy dispuesto a ser el primero en poner su nombre a consideración del grupo. Lo cual es muy comprensible ya que los huéspedes del cotolengo son locos pero no idiotas.

Esta vez la cosa se dirimió a partir de una iniciativa de La Trava, quien tras beber a pico el último trago del porrón, lo tumbó en el piso, lo hizo girar como una ruleta y dijo: “Al que lo apunte”

La botella quedó en dirección a Benito y antes de que El Erudito diera cualquier consigna respecto a cómo seguiría la cosa, la trava semi embriagada preguntó: “¿Verdad o Consecuencia?”

Benito se indignó por el giro burdo que había tomado su propuesta pero decidió privilegiar el objetivo de la técnica a la modalidad lúdica que cobró de repente.

Así que tragando saliva respondió: “Verdad”

¿Verdad que te pusieron Benito porque cuando naciste pensaron que eras bobo?, dijo la Trava recreando una infidencia de Elvi Rot, la madre biológica del susodicho.
“De ninguna manera”, saltó en su defensa la Rot, “Yo dije cara de bueno”

Benito que hasta el momento había logrado controlar su ira se le saltó la virola como a una olla a presión.

A duras penas había logrado reconciliarse con su nombre de pila después de años de terapia para que esta fulana venga a meter el dedo en la llaga. Pero como ante todo era un caballero, decidió cederle la palabra a su hermana que, como buena docente, había recabado información diagnóstica de La Trava.

La profesora de la E, haciendo caso omiso al seudónimo de Carol adoptado por la trava en un fallido intento de volverse distinguida como la princesa de Mónaco, se dirigió a ella en los siguientes términos: “Ud. Discúlpeme ‘señorita’ pero su acotación fue impertinente e irrespetuosa”. Como la trava no paraba de dar carcajadas ignorando por completo la intervención de la docente, la profesora le llamó la atención por su nombre: “A usted le hablo, José Ramón”.

Tras un breve momento de tenso silencio, La trava se abalanzó sobre la botella y de no haber sido por la intervención de La Maga que se apresuró a interponerse entre su encolerizada amiga y la profesora, la cosa habría pasado a mayores. Por suerte todo quedó en un manchón de cerveza en el tailleur de la docente que no paraba de reclamar a los gritos la expulsión de José de la institución.

El ambiente se volvió tormentoso. Un diluvio de lluvia ácida comenzó a anegar el patio donde estaban y como los menganos son una especie rara, se empezaron a brotar.

Sor Raimunda no paraba de santiguarse, golpearse el pecho e implorar al cielo piedad.

La Perturbada, aburrida de la vida y sintiéndose desplazada, bailaba a los saltos al tiempo que cantaba: “¡Me llamo Lilí, Lilí, Liliana! ¡Me llamo Lilí, Lilí, Liliana!”

La Maga Malvada cazó un sapo y corriendo tras la Perturbada la amenazaba: “Calmate tarada o te hago un trabajito.”

El Erudito Benito, esta vez no fue la excepción y se brotó como pocos. Espinas de la nuca le salieron. Parado sobre un banco de cemento y en plena excitación maníaca arengaba a las mujeres al grito de “¡Lucha en el barro! ¡Lucha en el barro!”

Y cuando todo parecía fuera de control, sucedió el milagro.

Un viento primaveral despejó los nubarrones y sobre la luna en cuarto creciente apareció Ella, Su Augusta Creatividad, e iluminando a Pai Nando que permanecía inmóvil, como buen maniquí, le insufló un hálito de vida y el muñeco animado comenzó a cantar. Obviamente alucinando, los menganos se calmaron y se pusieron a escuchar: