27.11.09

27.11.2009

La Srta. Lilí, alias La Perturbada quedó fascinada con la magia que emanaba de la ópera a partir de su primera experiencia con este arte. Tendría 16 años cuando acudió al teatro del pueblo, acompañada como siempre por su madre y su hermana, que debido a sus problemas nerviosos no la dejaban sola, ni a luz ni a sombra.
Al parecer la Srta. Lilí es oriunda de Cacique Aracaiquín, pero siendo muy chica y viendo ya las costumbres extrañas y extravagantes de la pobrecita, su madre decidió trasladarse con sus hijas a una localidad donde pudieran pasar más desapercibidas. Es que “pueblo chico, infierno grande”, decía la señora y tenía razón. Así que en cuanto la mujer recibió la confirmación de un trabajo se mudaron… a Cayastá. En fin.
Doña Aurelia, la mamá de Lilí, a la que también le titilaban las neuronas, comenzó a trabajar como encargada del “Centro Social Unión y Alegría” de Cayastá, único espacio habilitado para fiestas, quermeses, exhibiciones de la escuela de danzas folklóricas y españolas, patín sobre ruedas y demás yerbas. Aunque también se utilizaba eventualmente como cine o teatro al aire libre cuando llegaba alguna compañía de la ciudad, cada muerte de obispo.
Lilí sentía una enorme curiosidad por el nuevo lugar de trabajo de su madre y durante meses no paró de pedirle, con acusada insistencia, que la llevara a las funciones del Centro Social, de cualquier índole que fueran.
“Dale mamá, llevame. Mamita, mamá, llevame. Te lo pido mami llevame. Por favor mamita, llevame. ¡Ay, mami, mamita, mamá! Llevame, ¿si? ¿Me vas a llevar?”
Un tanto agobiada por la demanda de su hija, Aurelia decidió correr el riesgo y llevarla no tanto por convicción cuanto porque no encontró otro modo de hacerla callar.
Coincidió que en aquella ocasión la institución se engalanaba con una obra excepcional aunque ubicada en las antípodas de la “unión” y “alegría” del Centro Social: La Traviata, de Giuseppe Verdi. Lilí, que para sus quince había recibido como regalo la afamada novela de Alejandro Dumas: La Dama de las Camelias, había desarrollado una admiración cuasi mimética con la protagonista, al punto que a fuerza de toser cual tísica obligó a su madre a visitar a toda clase de especialistas con el objeto de descartar aquella erradicada enfermedad. Fue entonces, cuando agotados los chequeos médicos su clínico le prescribió que consultaran a un especialista en salud mental.
“¿Por qué a un psiquiatra, mami? ¿Qué me va a hacer el psiquiatra, mamita? ¿Dónde atiende el psiquiatra, mamá? ¿Viene a casita el psiquiatra, mamita? ¿Qué me va a dar, mami, mamá, mamita? ¿La tosecita, el psiquiatra, me va a curar?”
Y así comenzó el primer acto de su derrotero por los profesionales en salud mental hasta su ingreso al cotolengo, donde parece que La Perturbada, al fin, halló su lugar.
Su primer brote memorable acaeció aquel día que su madre la llevó a ver La Traviata al Centro Social de Cayastá. Desbordada por la emoción, lo cual hizo eclosión con su desorden mental, Lilí, perturbada como estaba, confundió los géneros musicales y la personalidad de la protagonista de la que de repente se sintió imbuida, y en medio de la escena de la muerte de su idolatrada Dama de las Camelias, a los gritos comenzó a cantar:

13.11.09

Extramuros: interactuando con las visitas del cotolengo

10.11.09
08 P.M.
Rita, de paradero omitido, le consulta a la Maga:

"Estimada Maga, mi nombre es Rita y le escribo porque hace unos días fui a ver a una vidente que me recomendaron por un problema amoroso. Después de cobrarme me empezó a hacer unas cuantas preguntas sobre el motivo de mi visita. Yo traté de no dar muchas explicaciones para que ella me dijera lo que veía. La cuestión es que no se si no le gustó mi actitud pero me dijo que el hombre con el que salgo hace 3 años nunca iba a dejar a su mujer, que si quería perder el tiempo y seguir esperando que lo hiciera pero que no iba a conseguir nada, porque además la bruja de la esposa le había hecho un trabajito para mantenerlo atado. Que si quería que ella lo libere debía pagarle 500 pesos por adelantado y darle una infusión de ortiga que ella preparaba.

El me dice que con la mujer no pasa nada y que está por terminar pero yo no se ya en quién creer. Lo que tengo claro es que no me gusta ser la otra y que a esta altura de mi vida quiero algo más serio. ¿Usted qué me recomienda?"

Respuesta de la Maga emitida en el micro El Sentido de la Vida por Mengano Lapindonga, conducido por Gabriel Cimaomo, integrante del staff de “La siesta fantástica” de Juan Carlos Bettanin. (LT 10, Radio Universidad)

13.11.09
01.30 A.M.

“Rita, Rita, Rita, Rita, para empezar yo no recomiendo nada. Primero porque ya no ejerzo y segundo porque seré todo lo bruja que quieras pero limpita y honesta y para ser sincera jamás tuve visión de futuro acerca de nada. Así que si buscás recomendaciones escuchá los recomendados de icrea en la próxima sección del programa.


Como ya sabrás el sentido común es el menos común de los sentidos así que no te lo voy a pedir. Si lo tuvieras no le hubieras consultado a la embustera de mi ex colega.
Dando tus anteojeras, por supuesto, primero habría que pensar quién es acá la bruja visto desde el otro lado, del lado de la aún esposa, digo…


Segundo, quien quiera creer que crea, yo ya no creo nada!


Vos elegís, creer y esperar o plantear y comprobar. ¡Hechos querida, hechos!


Vos hacé lo que quieras o lo que puedas pero ¿si querés saber qué haría yo en tu lugar? Te lo digo. Lo miraría a los ojos y le plantearía:”