La noche de los viernes, reunidos los menganos para celebrar en comunidad las sanaciones operadas por medio del psicoarte, suelen pelearse cual niños por consultar el Verde Oráculo de Pai Nando, ya que sólo se admite a un único consultante por semana. Es que si bien está claro que Pai Nando no es de carne y hueso, tampoco por eso se puede abusar de su confianza.
La Maga, que asumió ser la custodia de la reliquia, haciendo las veces de medium entre el Pai y el resto de los huéspedes del cotolengo, preservaba las cartas oraculares bajo siete llaves y sólo las exponía los viernes para que el elegido las toque lo justo y necesario para cortar el mazo en tres partes. Con el tiempo, harta de todo, colgó la tirada en la red, pensando como buena mengana, “hagan todos lo que se les cante el C”.
Numeróloga, como también es, se le ocurrió que la manera en que el oráculo elegiría a quien manifestarse era mediante los dados. El número maestro sería el 8, como resultante de la suma de 1 + 7, el día de su primera aparición pública.
El afortunado mengano que lograba sumar el número maestro debía prepararse para formular su pregunta al Pai bebiendo ocho tragos cortos de modo de facilitar un estado de trance que lo induzca a preguntar desde lo más profundo posible de su inconsciente. De paso brindaba consigo mismo por haber resultado elegido ya que se había instalado una infantil competencia entre los menganos por ver quién colgaba aquella semana en su blog el oráculo sobre su intimidad.
La Maga, que asumió ser la custodia de la reliquia, haciendo las veces de medium entre el Pai y el resto de los huéspedes del cotolengo, preservaba las cartas oraculares bajo siete llaves y sólo las exponía los viernes para que el elegido las toque lo justo y necesario para cortar el mazo en tres partes. Con el tiempo, harta de todo, colgó la tirada en la red, pensando como buena mengana, “hagan todos lo que se les cante el C”.
Numeróloga, como también es, se le ocurrió que la manera en que el oráculo elegiría a quien manifestarse era mediante los dados. El número maestro sería el 8, como resultante de la suma de 1 + 7, el día de su primera aparición pública.
El afortunado mengano que lograba sumar el número maestro debía prepararse para formular su pregunta al Pai bebiendo ocho tragos cortos de modo de facilitar un estado de trance que lo induzca a preguntar desde lo más profundo posible de su inconsciente. De paso brindaba consigo mismo por haber resultado elegido ya que se había instalado una infantil competencia entre los menganos por ver quién colgaba aquella semana en su blog el oráculo sobre su intimidad.
